Ya es noticia vieja que cerré la agencia. Haciendo una regresión no puedo creer que mi marca pasó por todos los estadíos: fue un perfil de una simple freelancer, fue después un estudio gráfico pequeño y finalmente se transformó en una agencia, que en sus épocas de gloria supo albergar a nueve personas en simultáneo. ¿Qué queda hoy por hoy? Está mutando a una marca personal.
¿Si debería haber sido una marca personal desde el día uno? Probablemente no, porque no tendría toda la experiencia que hoy tengo:
- Cómo liderar un equipo
- Cómo armar un negocio que tenga procesos que se apliquen a varias personas en simultáneo
- Cómo rentabilizar un negocio con estructura
- Cómo obtener clientes para brindar proyectos constantes a un equipo
- Cómo agrandarse (pasar de estudio a agencia) y también cómo achicarse sin morir en el intento
Volver a trabajar sola después de haber liderado un equipo se lee desde afuera como un paso atrás. Es la lectura más fácil, y también la más equivocada. Porque un escalón se puede bajar por dos razones muy distintas: porque te caíste, o porque decidiste que esa dirección a la que estabas yendo no era la que te llenaba.
Lo cierto es que hay algo de verdad en ambas cosas. Sí hubo una caída (muy relacionada con contextos económicos cambiantes, el avance de la IA, la sobreoferta de servicios de marketing y podría seguir nombrando variables…) pero también hubo una decisión.
Había algo dentro mío que me decía que ya no me encendía liderar una agencia de marketing. En un mundo que premia la novedad, lo inmediato, lo resultivista, yo simplemente no quise encajar con eso. Y esa disonancia me costó fuertes cruces de opinión con mi equipo, pérdida de clientes y noches interminables donde me preguntaba qué c@rajo estaba haciendo.
Esta no es la primera vez que empiezo nuevamente de cero. En 2020, con el turismo completamente cerrado, decidí emprender. Sin red de contactos, sin trayectoria en este rubro nuevo, sin portafolio. Tenía un curso de diseño recién terminado y varios años de ventas reales — de las que se hacen cara a cara, con objeciones de verdad, sin guión. Con eso armé lo que en ese momento pude armar.
Sí debo decir que la diferencia entre ese primer comienzo y éste es enorme. Ahora sé exactamente qué construir, para quién, y por qué. Ahora la estructura chica no es una limitación temporal hasta poder crecer — es la estructura que elegí, porque es la que me permite trabajar con la profundidad que quiero, con las clientas que quiero, sin diluirme gestionando gente en vez de haciendo el trabajo que mejor hago.
Conozco el proceso de reinventarse por dentro, porque no es la primera vez que lo hago. Y esa es, probablemente, la razón por la que puedo acompañar a otras mujeres que están en ese mismo cruce — no porque lo estudié, sino porque lo viví más de una vez y sé lo que se siente esa incertidumbre.
JULICO hoy es más chico que la agencia que tuve. Pero nunca antes había sido tan mío.